Sábado a la noche. Facundo, de 17 años sale de su casa en un Uber, hacia la casa de sus amigos. De allí, van a bailar. Los padres, Germán y Sofía, saben que no va a volver hasta el día siguiente. “¿Le diste plata?”, pregunta él. “¿Le dijiste que se cuide?”, agrega la madre. “Siempre lleva en la billetera”, dice Germán. “Ni siquiera lleva billetera”, recuerda ella. El intercambio queda en el aire, sin respuestas reales. Los dos padres se dan cuenta de que esa charla que repetían como un ritual con su hijo mayor, que hoy tiene 25 años, cuando empezó a salir solo, ya no tiene el mismo peso con Facundo. “Supongo que él sabe lo que tiene que hacer. Y, si no, comprará por ahí”, es la conclusión final.
Ocurre que, progresivamente y sin que se notara, los preservativos fueron desapareciendo de la escena: ya no se los ve en las salas de espera de los hospitales, tampoco en los baños públicos. Y salieron de la conversación familiar. Eje de la lucha contra la epidemia de sida en los años 90, protagonista de las campañas más provocadoras, que enfrentó a las autoridades de la Iglesia católica con los impulsores de las campañas de prevención, hoy se vende poco y se usa cada vez menos, por distintas razones económicas, sanitarias, políticas, generacionales y sociales. El informe Global AIDS Update 2025 de ONU SIDA, indica que la compra de preservativos a nivel mundial cayó un 30%.
En la Argentina, los números de la industria indican que la caída es similar o mayor. Los cambios culturales, el uso de otros métodos anticonceptivos y la falta de inversión pública en campañas de concientización aparecen entre las causas. Hay un dato que es elocuente: en el país, solo el 15% de las personas que concurren a hacerse un test de VIH utilizó preservativo en su última relación sexual. El 14% dice que lo usa siempre; el 65%, a veces; y el 20%, que no lo usa nunca, según datos de la organización AIDS Healthcare Foundation Argentina (AHF Argentina) a los que accedió LA NACION. En 2012, cuando esta organización inició los testeos en el país, el 40% de las personas que se acercaban para hacerse el test afirmaban que sí se habían cuidado con ese método. Es decir que, en 14 años, la caída del uso fue abrupta, explica Miguel Pedrola, responsable de AHF Argentina.

Los especialistas apuntan que estos números podrían ser mucho mayores si se mira solo a la población adolescente y señalan entre las causas la transformación de una generación de que ya no le teme al sida y logra prevenir efectivamente los embarazos con otros métodos. Sin embargo, hay un dato que preocupa: al tiempo que bajaron de forma considerable los embarazos y partos de adolescentes (la caída fue del 66% desde 2014), crecen los contagios de infecciones de transmisión sexual (ITS) –entre ellas, la sífilis, la gonorrea y la clamidia– por la práctica de sexo sin protección.
En la ciudad de Buenos Aires y en el resto del país, se registra un aumento histórico en los casos de ITS, siendo la sífilis la más destacada. Este alza afecta principalmente a la población de entre 15 y 39 años. “En los últimos años, la sífilis ha experimentado un aumento sostenido en la Argentina, consolidándose como uno de los principales desafíos dentro del campo de las ITS. Esta tendencia ascendente, observada desde mediados de la década pasada, se refleja en el aumento de las tasas de notificación, particularmente en adolescentes y adultos jóvenes”, señala Luciana Spadaccini, infectóloga de la Fundación Huésped. Esta enfermedad afecta a todas las regiones del país, con tasas más altas en el grupo de 15 a 34 años.
Según datos que aporta Spadaccini, del Boletín Nº 42 de Respuesta al VIH y las ITS en la Argentina de diciembre 2025, la tasa de sífilis pasó de 56,1 casos cada 100.000 habitantes en 2019 a 93 por 100.000 en 2024. “La tendencia continuó en 2025, con 46.613 casos confirmados, un 71% más que la mediana del período 2020-2024 (Boletín Epidemiológico Semana 53, 2025). Cabe señalar que la magnitud real del problema podría ser mayor si se considera el subregistro de casos. Este escenario constituye un desafío sanitario concreto. Sin embargo, comprender el fenómeno únicamente desde las cifras resulta insuficiente. Los datos epidemiológicos describen la magnitud del problema, pero no explican completamente sus determinantes. Existe un lado menos visible de la epidemia de ITS, vinculado a transformaciones biomédicas, sociales y culturales que han modificado las conductas sexuales y la percepción del riesgo”, dice.
Las campañas de concientización y las leyes que pusieron disponibles los preservativos de forma gratuita fueron clave por muchos años para que los adolescentes argentinos que comenzaban a tener relaciones sexuales lo incorporaran a sus rutinas. Sin embargo, no son pocos los que reclaman que en los últimos años las campañas no se sostuvieron.

“El uso de preservativos ha disminuido drásticamente. No solo se ve en las estadísticas, sino también lo notamos en el consultorio, tanto en el sistema público como en privado, por el aumento de motivos de consulta por situaciones relacionadas al no uso del preservativo, como la solicitud de anticoncepción de emergencia, síntomas relacionados con ITS o simplemente miedo luego de no haberse cuidado”, detalla Julieta Nachajon, médica pediatra especialista en Adolescencia, secretaria del Comité de Adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
“Es una gran preocupación. La OMS calificó el declive como alarmante. Durante muchos años se trabajó sobre medidas de prevención en relación a los cuidados en las relaciones sexuales. El uso de preservativo en las adolescencias y juventudes estaba más instalado y había más conciencia sobre su importancia para prevenir, sobre todo, la transmisión del VIH. Existían campañas masivas sobre estos temas, pero si nos ponemos a hacer memoria, ¿cuál fue la gran última campaña pública que recordamos sobre este tema?”, agrega Juan Pablo Bria, pediatra especialista en adolescencia, prosecretario del mismo comité de la SAP.
“Son las provincias y la ciudad las que, cuando pueden y tienen recursos, compran para las campañas. La caída en el uso del preservativo tiene consecuencias muy nefastas. Nos va a llevar años revertirlo, porque para la nueva generación ya no tiene el mismo peso el mensaje”, advierte Mabel Bianco, directora de FEIM, y una de las principales impulsoras en los años 90 de las campañas del Banco Mundial que repartían preservativos en boliches, en playas y a la salida de los colegios. “No hay más preservativos gratuitos en hospitales y salas. Ni siquiera a las organizaciones que hacemos campañas nos dan. Nosotros muchas veces vamos a las escuelas y enseñamos cómo se usa, hacemos la demostración. Pero cuando los chicos nos piden que les demos, no podemos hacerlo porque están vencidos. Es lamentable la pérdida de oportunidad que estamos teniendo”, añade.
En la ciudad de Buenos Aires, en los últimos 20 años se entregaron 130 millones de preservativos. Sin embargo, la distribución anual no es proporcional. El año de mayor entrega fue 2019, cuando se entregaron 9 millones. En cambio, la cifra fue bajando y, en 2024, se distribuyeron gratuitamente unos 3,8 millones. LA NACION consultó a las autoridades del Ministerio de Salud porteño sobre la continuidad de esas campañas y los nuevos números, pero no hubo respuesta para el cierre de esta nota.
Tampoco desde el Ministerio de Salud de la Nación respondieron sobre la problemática señalada por los especialistas.
Pedrola explica cómo AHF Argentina llegó a los números que preocupan: “Todos los años testeamos unos 30.000 casos. Son personas que voluntariamente vienen a pedir el test. Tenemos una encuesta anónima, en la que se indaga sobre distintos factores de riesgo y cuando preguntamos si en la última relación sexual usaron preservativo, el 85% de las personas dicen que no”, explica. Hace 14 años, el 40% de las personas informaban que sí.

Quienes estudian el uso del preservativo desde hace años afirman que entre los adolescentes lo que más pesa a la hora de usarlo o no es el miedo al embarazo. El sida, y mucho más otras enfermedades de transmisión sexual, les parecen lejanas, poco probables. En 2013, una investigación impulsada por la socióloga Ana Lía Kornblit daba cuenta de una caída en el uso de preservativo entre los adolescentes: el 60% decía que se había cuidado con ese método en su última relación sexual. El método que iba en aumento en ese momento era la píldora del día después, también utilizada como forma de evitar un embarazo, no un contagio.
Ese tipo de trabajo no se volvió a realizar, sin embargo, los especialistas creen que hoy el número sería mucho menor. “La edad de inicio de relaciones sexuales sigue en torno de los 14 años, tanto para las chicas como para los chicos, algo que no ha cambiado mucho en los últimos años. Un dato que resulta llamativo es que muchas veces el inicio viene después de haber consumido por mucho tiempo pornografía por internet, donde los modelos de relaciones que se plantean van completamente en detrimento del uso de preservativo. Esto hasta ahora no se midió, pero creo que va a tener una gran influencia en las conductas adoptadas por adolescentes en su inicio sexual”, alerta Bianco.
“Sabemos que la oposición, la confrontación, el desafío a los límites y la experimentación son parte del transitar de la adolescencia. La sensación de omnipotencia de los adolescentes, la disminución en la conciencia de riesgos y la adrenalina que les producen los desafíos (debido a causas neurobiológicas normales de esta etapa), sumado a los cambios culturales que podemos observar a través de la música, influencers y referentes de las juventudes, con términos o expresiones como “a pelo” o “a peluche”, donde se exalta y se hace tendencia tener relaciones sexuales sin preservativo, colaboran en estas nuevas formas de no cuidado. Esto lleva a que muchos adolescentes, a pesar de conocer sobre los métodos de barrera, decidan no usarlos”, describe Nachajon.
“La falta de información sobre métodos anticonceptivos ligada a la disminución de la falta de mantenimiento de políticas públicas de prevención y promoción de la salud, genera también que crezcan nuevamente mitos y dudas con respecto a su uso. En muchos casos hay desconocimiento sobre métodos anticonceptivos y se cree que también servirían de barrera para las ITS, cuando el único método que cumple está función es el preservativo. Y a pesar de tantos años de hablar sobre estos temas, aún existe la creencia de que si la persona con la que voy a estar es amiga, es buena o parece sana, no va a transmitirme ninguna infección”, agrega Bria.
En este contexto, los especialistas señalan que la baja en la tasa de embarazos adolescentes tiene relación con el acceso a distintos métodos de anticoncepción, tanto de corta como larga duración. “Se estima que una de cada tres adolescentes que ya se desarrolló y tiene relaciones sexuales tiene colocado un implante subdérmico. Es uno de los métodos anticonceptivos que se están utilizando”, explica Silvina Vulcano, directora de publicaciones de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (Sogiba), especialista en salud sexual y enfermedades de transmisión sexual. El hecho de que más adolescentes accedan a estos métodos anticonceptivos también puede estar pesando a la hora del abandono de otros, que además del embarazo previenen las enfermedades.
“El aumento de casos de sífilis también puede estar reflejando un aumento de testeos, que antes no se hacían. Hoy hay más de 60 puntos de testeo rápido en la ciudad, disponibles. Es muy importante llegar a un diagnóstico temprano para plantear un tratamiento”, considera Vulcano. También aporta que, en su experiencia, el abandono de campañas de concientización sobre el uso de preservativo está relacionado con el cambio de época.
“La sociedad cambió. No se puede plantear un único mensaje, porque las formas de ejercer la sexualidad son muy diversas. Y las medidas de protección son distintas. Además, hemos promovido una medicina centrada en el paciente, donde la voz del médico no tiene el mismo peso que antes, y todo esto tiene que ver con lo comportamental, con las decisiones de último momento. Se necesitarían campañas que tomen en cuenta todas estas dimensiones”, indica.
“Con la ley de Educación Sexual Integral (ESI) estos temas comenzaron a hablarse en escuelas, clubes. La ley, del año 2006, es de carácter obligatorio, aunque su abordaje no es igualitario en el país. En los consultorios, los adolescentes cada vez mencionan menos espacios de ESI en las escuelas. Esto, sumado al cierre del Plan ENIA [Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia] en 2024, influyen de manera directa sobre el acompañamiento, asesoramiento e información sobre salud sexual a los adolescentes y jóvenes, y a la población en general”, concluye Nachajon.

