Mucha gente reprime su ira y la expresa de manera pasiva o solapada. Se trata de una actitud hostil encubierta que genera desgaste emocional en los demás. Hoy te invito a conocer algunos de sus principales rasgos.
¿Qué caracteriza a una persona pasivo-agresiva?
1. Las indirectas
No expresa directamente lo que quiere decir. Por ejemplo, en lugar de decir: “Me molestó que no me avisaras que ibas a llegar tarde”, se calla y castiga con el silencio o con un trato frío y distante. Esto sucede porque evita expresar su enojo de manera abierta. La persona pasivo-agresiva tiene dificultades para expresar su malestar.
2. El sarcasmo
El sarcasmo es bronca disfrazada de humor. Frente a un error ajeno, suele hacer comentarios como: “Claro, vos siempre tan responsable”.
3. El pase de facturas
Si debían encontrarse y vos llegaste tarde, aunque le hayas pedido disculpas, muy probablemente te responderá: “Está bien, no pasa nada”. Sin embargo, la próxima vez llegará tarde él. Es decir, te pasará factura replicando tu comportamiento.
4. La resistencia pasiva
Vos le pedís algo: “¿Me podrías traer un vaso de agua, por favor?”, y te responde que sí. Pero, como en el fondo no quiere hacerlo, demorará mucho tiempo en cumplirlo. Tal vez te lo traiga ¡una hora después! Olvidos, llegadas tarde o tareas mal hechas son actos semiconscientes que funcionan como una forma pasiva de resistirse a actuar.
5. El silencio castigador
Esta es la actitud número uno del pasivo-agresivo. Su manera de castigar al otro es no hablarle por un tiempo. He conocido parejas que no se hablan o no les hablan a los hijos por semanas. Hablar de lo que nos molesta es saludable.
El pasivo-agresivo es alguien que, al no ser capaz de expresar su deseo, entra en conflicto consigo mismo y descarga en los demás la ira que siente. Además, suele practicar lo que se conoce como “la ley del hielo”. Uno le envía un mensaje y no recibe respuesta. Más tarde, la persona encuentra alguna justificación para su conducta.
¿Por qué actúa de esta manera? Porque vive el requerimiento del otro como una humillación y se siente esclavo de los demás. En el fondo, experimenta miedo y ansiedad ante la posibilidad de demostrar que está enojado. Dice que sí, pero actúa desde el “no”. No enfrenta, pero tampoco coopera.
Una actitud saludable en las relaciones interpersonales consiste en hablar, expresarse y dialogar. Es importante comunicar los malestares de manera breve, sin enojo y con la intención de encontrar una solución. De ese modo, evitaremos reprimir nuestras broncas.
¿Qué hacer frente a una persona pasivo-agresiva?
Fundamentalmente, no entrar en el juego de la manipulación y sostener límites saludables. También resulta útil señalar lo que está ocurriendo, sin atacar ni confrontar. Por ejemplo: “Te noto distante. ¿Te pasa algo?”.
También es conveniente promover una comunicación directa. Por ejemplo: “Prefiero que me digas qué sentís a que te quedes en silencio. Si te molestó algo, me gustaría que me lo dijeras claramente”. Si la persona no expresa nada, simplemente podemos responder: “Está bien, cuando quieras hablar, acá estaré”.
De esta manera, la ayudamos a expresar aquello que le molesta y, al mismo tiempo, preservamos nuestro propio bienestar.

