La irrupción durante la campaña 2023/24 del complejo de achaparramiento del maíz o CSS (siglas en inglés de Corn Stunt Spiroplasma) marcó un antes y un después para la producción maicera argentina. Las importantísimas pérdidas registradas en numerosas regiones obligaron a productores, técnicos, investigadores y empresas a replantear estrategias y acelerar la generación de conocimiento sobre el protagonista central de esa crisis: la chicharrita del maíz, Dalbulus maidis, vector responsable de la transmisión de los patógenos asociados a esa enfermedad.

Como respuesta a ese desafío, se creó la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, una iniciativa público-privada impulsada por Maizar y coordinada técnicamente por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), con la participación de instituciones de investigación, asociaciones de productores, universidades y organismos públicos vinculados a la cadena maicera, como Aapresid, Aappce, Conicet, CREA e INTA, con el apoyo financiero de Bayer, Corteva y Syngenta.

Durante dos años consecutivos, la red generó información inédita sobre la dinámica poblacional del insecto en las principales regiones maiceras del país, lo que permitió construir una base de conocimiento estratégica para comprender mejor su comportamiento, anticipar escenarios de riesgo y redefinir las estrategias de manejo frente al complejo de achaparramiento. Hoy, la Red se prepara para iniciar su tercer año de trabajo con el mismo compromiso, entusiasmo y vocación colaborativa que le dieron origen. El desafío continúa: seguir generando información de calidad y profundizar el conocimiento sobre una plaga disruptiva que aún plantea numerosos interrogantes.

Uno de los principales aportes del proyecto fue demostrar que el manejo exitoso del complejo de achaparramiento requiere una visión integral. Los resultados obtenidos indicaron que el control químico, aunque importante, constituye sólo una parte de la solución. La eliminación de maíces guachos (control cultural), el cumplimiento del vacío sanitario, la elección adecuada de híbridos, la definición de fechas de siembra y el monitoreo permanente demostraron ser factores determinantes para reducir el impacto de la enfermedad.

El aporte científico fue clave para enfrentar la plaga

La experiencia también impulsó un cambio de paradigma. Históricamente, el monitoreo del maíz se concentraba principalmente en plagas defoliadoras o de espiga. Sin embargo, la emergencia sanitaria provocada por el achaparramiento puso en evidencia la necesidad de monitorear de manera continua las poblaciones del vector, y comprender su dinámica durante todo el año, incluso fuera de la temporada tradicional del cultivo.

Además del seguimiento poblacional, la red incorporó herramientas de análisis molecular (PCR) para estudiar la evolución temporal y estacional de los patógenos asociados al complejo, lo que permitió generar información clave para comprender los procesos epidemiológicos que condicionan la aparición de la enfermedad.

Otro aspecto para destacar es el alcance territorial del proyecto. La red logró integrar distintas regiones agroecológicas maiceras bajo una misma metodología de trabajo, permitiendo comparar situaciones productivas muy diversas y generar recomendaciones adaptadas a cada realidad regional.

Los resultados obtenidos fueron transferidos de manera permanente al sector productivo mediante jornadas técnicas, congresos, capacitaciones, informes periódicos, actividades de extensión y comunicados de prensa, alcanzando a miles de productores y asesores en todo el país.

Maíces guachos hospedando numerosas chicharritas (Dalbulus maidis) transmisoras del achaparramiento del maíz, la enfermedad que pone en jaque a la producción del cereal

A dos años de su puesta en marcha, la Red Nacional de Dalbulus maidis se consolidó como una de las experiencias de articulación público-privada más relevantes de los últimos años en materia de sanidad vegetal. Más allá de la emergencia que le dio origen, dejó una enseñanza fundamental: frente a problemas complejos, la mejor herramienta sigue siendo el conocimiento generado de manera colectiva y colaborativa.

Hoy, la agricultura argentina cuenta con más información, mejores herramientas de monitoreo y una comprensión más profunda del vector y de los patógenos asociados al complejo de achaparramiento. Ese aprendizaje constituye, probablemente, el legado más importante que dejó la crisis postepifitia.

Investigador de la Eeaoc y coordinador de la Red Nacional de Dalbulus maidis