Autores: Mark O´Donnell y Thomas Meehan (libro), Marc Shaiman (música) y Scott Wittman y Marc Shaiman (letras). Adaptación: Marcelo Kotliar. Director general: Fernando Dente. Dirección de actores: Laura Oliva. Elenco: Damián Betular, Alejandra Radano, Sofía Morandi, Belén Bilbao, Andrea Lovera, Leo Bosio, Joaco Scotta, Santiago Toledo, Paula Chouhy, Sonia Savinell y otros. Dirección musical: Damián Mahler. Dirección coreográfica: Vanesa García Millán. Dirección vocal: Eugenia Gil Rodriguez. Luces: David Seldes. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Vestuario: Gustavo Alderete. Sonido: Gastón Briski. Sala: Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125). Funciones: miércoles a sábados a las 20 y domingos a las 18. Duración: 125 minutos (con intervalo). Nuestra opinión: Muy bueno.
Muy divertido y profundo a la vez. Así se podría definir a Hairspray, el musical que acaba de subir a escena en el teatro Coliseo. Se trata de un espectáculo estrenado en Broadway en 2002, basado en el film homónimo de culto, de John Waters, que en 1988 tuvo al drag queen Divine como a uno de sus protagonistas. De la traslación teatral ya existió una versión local en 2008, que contó con el protagónico de Enrique Pinti (en un rol femenino, el de la señora Edna Turnblad) y lanzó la carrera de Vanesa Butera (como Tracy Turnblad). Ahora esos mismos roles, de madre e hija, son interpretados por Damián Betular y la joven Belén Bilbao, respectivamente. Si bien la puesta anterior era destacable, esta es una topadora. También hubo una versión cinematográfica del musical, en 2007, que contó en su elenco con John Travolta, Nikki Blonsky, Michelle Pfeiffer, Zac Efron, Christopher Walken y Queen Latifah, pero que no estuvo a la altura del original.
La acción de Hairspray transcurre en 1962, en Baltimore, donde la segregación racial está al orden del día. Y no es el único tipo de discriminación que habita la ciudad. De eso sabe y mucho la adolescente Tracy Turnblad, quien no cumple con los parámetros físicos de la época; y por eso sufre lo que hoy se entiende por bullying. No obstante, ella quiere ser famosa, ganar una vacante en el programa de baile Corny Collins Show, atraer allí la atención del ídolo Link Larkin y, por último, convertirse en Miss Teen Hairspray. El único problema es que el certamen ya tendría a priori una favorita: Amber Von Tussle, la hija de la pérfida productora Velma Von Tussle (ex Miss Cangrejo del Mar), que responde a rajatabla al perfil hegemónico de belleza en los Estados Unidos de antaño: es rubia, carilinda y delgada.
Para colmo, su madre, Edna Turnblad, no la apoya porque ella misma es un manojo de inseguridades: una mujer que siente culpa por su cuerpo ampuloso y se pasa todo el día encerrada en su casa, planchando y lavando ropa ajena; en vez de salir al mundo e intentar cumplir su sueño de diseñar ropa para mujeres de gran tamaño. Además, teme que su hija sea fuente de burlas por su sobrepeso si aparece en televisión. Así las cosas, Tracy solo tiene de su lado a su amiga Penny Pringleton, que también tiene lo suyo con su madre puritana y prejuiciosa, Prudy Pringleton. Junto a ellas se encolumnan sus compañeros afroamericanos, a los que solo se les permite participar del show televisivo una vez al mes, en “el Día de Negros”. Unos y otros –y decir más sería adelantar la trama- terminarán envueltos en una marcha por los derechos civiles que desembocará en un paso adelante en la vida de todos.

Empezar a enumerar los méritos de esta nueva versión argentina de Hairspray es difícil, porque cuesta decidir por dónde empezar. Prácticamente todos los rubros son de excelencia y el espectáculo llegó al estreno con todas sus piezas aceitadas (algo muy poco común últimamente, en el circuito comercial). El mérito mayor es de Fernando Dente, que aquí vuelve a reafirmarse como director general tras la seguidilla de logros conformada por Heathers, Rent, Despertar de primavera y, muy especialmente, Company. Su puesta en escena es puntillosa, está plagada de detalles y no da respiro. Para esto contó con una colaboración de excelencia: la del triunvirato integrado por Vanesa García Millán, Eugenia Gil Rodriguez y Laura Oliva, encargadas respectivamente de las coreografías, la dirección vocal y de actores. Al esmerado trabajo de ellas debe sumarse el de Gustavo Alderete (para La Polilla), que diseñó un vestuario muy colorido, variado y de buen gusto. Solo resulta claramente objetable un rubro, el de la escenografía: demasiado simple y escasa para las amplias dimensiones del escenario del teatro Coliseo. Y tal vez cierto error de casting.
En cuanto a las actuaciones, Damián Betular (como Edna Turnblad) es una agradable sorpresa. Canta y baila aceptablemente, pero en cuanto abre la boca el teatro se viene abajo. Sin dudas, es dueño de un carisma y un don del timing únicos. Y Belén Bilbao (como Tracy Turnblad), es una gran revelación. Lo hace todo bien, como si fuera una profesional de años. Es tierna, pícara y audaz y baila y canta maravillosamente bien ¿Ha nacido una estrella? A su lado se destacan Alejandra Radano (Velma Von Tussle), graciosísima; Andrea Lovera (Prudy Pingleton y otros roles), desopilante; Leo Bosio (Wilbur Turnblad), adorable; y Paula Chouhy (Penny Pingleton), ingenua y torpe con gran potencia vocal. Mención aparte para el talentosísimo Ian Ferreira (Sammy), otra de las grandes revelaciones de la noche; y, muy especialmente, para Sonia Savinell (Garganta feroz), dueña de una voz y una garra poco frecuentes que invita a la ovación. Por último, debe reconocerse la labor de absolutamente todo el ensamble (compuesto en su mayoría por debutantes, surgidos de un casting abierto), que bailan, cantan y actúan afiatadamente, sin el menor error.

Hairspray habla de la integración racial, de la diversidad, de la aceptación de los cuerpos, de los adolescentes y de su necesidad de ser escuchados, del amor sin barreras y de los sueños por cumplir a toda edad. Es un espectáculo hilarante, pero también una obra con un mensaje muy serio y vigente que invita a la reflexión. Ideal para ver en familia. No lo dejen pasar.

