Autoras: Oria Puppo y Eugenia Pérez Tomas. Dirección: Oria Puppo. Intérpretes: Marilú Marini, Franco Torchia. Vestuario: Oria Puppo. Escenografía: Oria Puppo, Florencia Tutusaus. Iluminación: Sol Lopatín. Música: Diego Vainer. Sala: Teatro San Martín. (Corrientes 1530) Funciones: miércoles a sábados a las 19.30. Domingos 18.30. Duración: 65 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.

Hace justo un año, la directora de cine Lucrecia Martel dio una charla magistral en el Malba en la que pronunció unas palabras que se convirtieron en una brújula para un campo artístico atravesado por el desasosiego y la incertidumbre de esta época. La realizadora dijo: “Tenemos que inventar un futuro que no sea solo el del apocalipsis y de la proyección de la tecnología. Si están haciendo música, inventen la música. Si están haciendo educación, inventen la educación. Si están haciendo cine, inventen el cine. Hay que inventar de cero”. En el caos de sobreinformación y fake news en el que vivimos, imaginar y proyectar un futuro más justo, humano y sensible es un contundente llamado a la acción. En Manifestum, el último estreno del Teatro San Martín, la reconocida actriz Marilú Marini junto con el escritor y periodista Franco Torchia proyectan la vida en el año 2300, un mundo en el cual conviven todos los cuerpos posibles, no existe algo así como una identidad fija y el amor también es espectral. No hay dos personas que se amen de la misma manera que se amó jamás nadie.

Manifestum es una conferencia performática ideada y dirigida por Oria Puppo en complicidad con la propia Marini, con textos y testimonios que invitan a pensar el cuerpo y la diferencia. La dramaturgia estuvo a cargo de Eugenia Pérez Tomas e incluye una selección de textos de autores como María Belén Correa, Andrea Cukier, Esther Díaz, Daniel Link, María Lugones, Gaita Nihil, Javier Sáez, Cande Schamun, Alejandro Tantanian, Liliana Viola y Marlene Wayar. Desde testimonios en primera persona, monólogos poéticos y ensayos académicos, todo lo que se expresa en esta conferencia expone múltiples puntos de vista en torno a la identidad de género, la sexualidad, la lógica binaria y los imperativos categóricos. El gran hilo conductor podría ser una oda a la diversidad. Gran parte de los casos se concentran en la cuestión de género y la sexualidad, pero también se abarcan planteos estéticos que imaginan el teatro del futuro, casos de neurodivergencias y la migración y el exilio.

Manifestum, con Marilú Marini y Franco Torchia

Los comienzos de la conferencia performática se ubican en los años sesenta con la Conferencia sobre nada (1961) de John Cage, cuando este artista referente de las vanguardias del siglo XX presentó una charla sin contenido más que el propio acto de estar conferenciando en ese preciso momento. Luego, el formato se expandió y tomó relevancia por artistas como Chris Burden, Yvonne Rainer, Joao Fiadeiro, Jerome Bel y la argentina Lola Arias, entre otros. El género es un signo de esta época, que impide que pensemos el teatro desde la división de las artes más tradicional y rígida. La obra ya no se organiza desde un centro de gravedad único y poderoso, como por ejemplo, la danza, el texto, la actuación, sino que funciona como una fusión de signos. Proyecciones, sonidos, lecturas, actuación, objetos se mezclan sin que podamos distinguir cuál es la materia prima que domina la escena. También se diluye la idea de personaje: Marini y Torchia le dan voz a distintos testimonios, pero también se presentan con sus nombres e historias reales.

Puppo, referente internacional en el diseño escenográfico, desarrolla un dispositivo escénico multimedia inquietante: un tablero de ajedrez en el centro, como una pieza en exhibición, libros, un cronómetro, espacio de lectura, tarimas, una cabeza gigante y varias pantallas que proyectan nombres de artistas, conceptos, frases. Frente a esa variedad de estímulos visuales, que le exigen al espectador lecturas, observación y atención, también hay un contundente diseño sonoro, que incluye voces que susurran de manera envolvente: el público puede sentir que le hablan en la nuca.

En esta sensación inmersiva, por momentos puede suceder una competencia por la atención: por ejemplo, cuando Torchia lee un testimonio de una persona autista y al mismo tiempo se invita a alguien del público para que levante unos carteles. Manifestum tiene un fuerte anclaje político y de denuncia. Los textos elegidos expresan con contundencia las injusticias de esta época y los efectos del pensamiento binario y categórico en múltiples órdenes de la vida: desde los mandatos sobre cómo hay que vivir la sexualidad hasta la violencia discriminatoria. Comienza con un muy atractivo registro de ciencia ficción que luego no se sostiene y por momentos gana más el terreno de la clase y el ensayo académico. Pero la poesía emerge sin dudas cuando Marini actúa e interpreta un monólogo de Liliana Viola, tiene un registro descollante de juegos de voces, gestos y un cuerpo tomado por el peso de las palabras. Su actuación es subversiva en el sentido que rompe con cualquier orden establecido, de la misma manera que lo intenta esta obra que se hace cargo del dolor de este presente para imaginar un futuro donde ser raro es un privilegio.

4 stars