Sonny Rollins, el saxofonista tenor y genio que se mantuvo en la vanguardia del jazz durante más de cinco décadas, murió este lunes, a los 95 años . La portavoz Terri Hinte informó a la agencia de noticias AP que Rollins falleció en su casa de Woodstock, Nueva York, y aunque no citó una causa específica de muerte, sí señaló que en los últimos dos años había permanecido en gran medida recluido en casa debido a diversos problemas físicos.

Como consigna una nota del diario El País, de España, la noticia de su muerte llegó horas antes de la conmemoración del centenario del nacimiento de Miles Davis, músico que, junto a John Coltrane y a “un puñado de grandes nombres del género musical norteamericano, llevaba décadas esperándolo en el Olimpo del jazz para tocar juntos de nuevo en la jam session de la eternidad".

Nació en un hogar musical en el barrio de Harlem el 7 de septiembre de 1930. Su padre tocaba el clarinete; su hermana, el piano; y su hermano, el violín. Cuando tenía ocho años, sus padres insistieron en que estudiara piano. Aquello no funcionó. Él prefería estar al aire libre jugando béisbol. Pero a los 11 años se fascinó con el saxofón y convenció a sus padres de que le compraran uno. Como a la familia le costaba pagar las clases, Sonny Rollins se fue inventando solo y rápidamente se convirtió en una figura destacada, cambiando al saxofón tenor y tocando en los clubes por la noche.

Su trayectoria se inició cuando comenzó a tocar en clubes de Nueva York, entre 1949 y 1950; poco tiempo después el saxofonista Jeckie McLean se lo presentaría a Miles Davis, que quedó impresionado por su musicalidad. “Sonny, con 20 años, ya tenía una sólida reputación entre los músicos jóvenes. No pocos pensaban que tocaba el saxo al nivel de Charlie Parker. Yo sólo sé una cosa: le andaba muy cerca”, escribió el trompetista en su autobiografía.

Pero fue a principios de la década del 50, en plena carrera ascendente, cuando empezó a consumir heroína. Cumplió dos períodos en la cárcel y se encontró viviendo en las calles de Chicago. En 1954 ingresó a un hospital en Kentucky para someterse a tratamiento contra las drogas. Allí experimentó un despertar espiritual mientras dejaba los narcóticos. “Empecé a tener una filosofía más profunda acerca de qué se trataba la vida”, le dijo a la AP, en 2007.

El genio del jazz que, contra todo lo previsto, varias veces decidió alejarse del mundiilo de festivales y grabaciones de discos

En medio del primer ingreso a la cárcel y el segundo, grabó su primer disco como líder con los músicos del Modern Jazz Quartet: Miles Davis, Kenny Drew, Art Blakey y Roy Haynes. En sus trabajos posteriores dejó casi totalmente de lado el piano y grabó más de un centenar de colaboraciones con diversos músicos. Su saxo aparece en el solo de “Waiting On A Friend”, del disco de los Rolling Stones Tattoo You (1981).

Luego de sobreponerse de sus problemas con las drogas, grabó varias obras maestras como Saxophone Colossus, Sonny Rollins Plus 4, Tenor Madness. The Sound of Sonny y Way Out West. A finales de 1957 llegaron sus legendarias sesiones en directo al frente de un trío sin piano grabadas en el Village Vanguard de Nueva York, y poco después, Freedom Suite.

En 1959, en la plenitud de sus facultades y con su carrera en momento de expansión, abandonó todo y durante dos años se dedicó a ir cada día a los bajos del puente de Williamsburg por el lado de Manhattan, en Nueva York. “Fue uno de los momentos más hermosos de toda mi vida -confesó a un reportaje de LA NACION publicado en 2007-. Estaba saturado y quería volver a encontrar mi música. No sentía que estuviera tocando lo que quería tocar, entonces me dije a mí mismo que tenía que encontrar mi sonido de nuevo, así que salí a buscar un puente para ensayar. Y practiqué, practiqué y practiqué hasta que encontré lo que buscaba. Me busqué un lugar cómodo, donde no pudieran verme demasiado y listo. Estaba todo el día y toda la noche. Antes de eso, estaba confundido, y la prensa y las compañías decían lo que se suponía que yo debía hacer, y que era una locura eso de ir al puente; pero yo lo único que quería era hacerlo mejor, tocar mejor, y lo hice, y cuando volví, ya tenía lo que buscaba. Las grandes compañías me pedían algo y yo quería otra cosa, aunque no sabía qué. Lo encontré en ese puente. Luego, esa pequeña búsqueda personal terminó siendo un mito en la historia del jazz, pero yo lo hice simplemente porque necesitaba apartarme. Y fue un momento espectacular para mí”.

Sonny Rollins recibió en 2011 la Medalla Nacional de las Artes y el Homenaje del Kennedy Center

En 1961 retornó a la actividad en grandes escenarios. Firmó un importante contrato RCA Victor Records que se tituló The Bridge. A partir de ese momento se presentó en clubes nocturnos, conciertos y festivales de todo el mundo. En 1966, grabó la música de la película británica Alfie, y luego vino otra etapa de retiro espiritual en Oriente. En 1972, grabó Sonny Rollins’ Next Album. En 2005 fundó su propio sello discográfico, Doxy, con el que lanzó una serie de álbumes en vivo.

A lo largo de su trayectoria, Sonny Rollins obtuvo tres Premios Grammy (uno de ellos, el Grammy de Honor). Ingresó en la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y fue distinguido en la Casa Blanca con la Medalla Nacional de las Artes. Hasta hubo un intento que no prosperó de rebautizar el puente de Williamsburg con su nombre.

“No sé qué le falta o le sobra a mi sonido, para mí esto es una búsqueda constante del sonido perfecto. Todos los días practico para encontrarlo, para tener la expresión perfecta de lo que quiero decir con la música y sigo todos los días de mi vida detrás de eso. Con la música, que es una materia tan etérea, nunca podés saber que lo que tenés es lo perfecto. Y eso me parece que la hace única, la hace un regalo de Dios, un don tan espiritual, y que siempre puede mejorarse...”, comentó a LA NACION hace casi 20 años.

Cuando le consultaron si consideraba al jazz como una música culta, respondió: “A mí me resulta sencilla. Es difícil poner la música en palabras, pero yo la describiría con una escena. Tengo 10 años, estoy practicando en casa, es domingo, el resto de los chicos juegan en la calle, roban en las tiendas... Llevo 10 horas en un rapto de conciencia. Toco y toco. Llega mi madre y dice: ‘Sonny, cariño, es la hora de cenar, así que haz el favor’. Eso es la música para mí, algo que me hace olvidar que tengo que alimentarme para sobrevivir”.