El avance del cambio climático volvió a poner en el centro del debate a una antigua profecía bíblica vinculada con el río Éufrates, uno de los recursos naturales más importantes y simbólicos de la historia de la humanidad. Considerado el río más largo de Asia Occidental, nace en el este de Turquía, atraviesa Siria e Irak y finalmente se une al río Tigris antes de desembocar en el Golfo Pérsico.
Durante miles de años fue una fuente esencial de agua dulce para millones de personas y también ocupó un lugar central dentro de la tradición bíblica. Incluso, en el Libro del Génesis se menciona a esta vía fluvial como uno de los cuatro ríos vinculados con el Jardín del Edén, junto al Tigris, Pisón y Guijón. Según las escrituras, las aguas del Edén se dividían para formar esos cursos de agua que simbolizaban fertilidad y vida.
En la actualidad, la situación del río genera una creciente preocupación entre especialistas ambientales y organismos internacionales. Sequías cada vez más intensas, aumento de temperaturas, crecimiento poblacional y una mayor demanda de agua dulce provocaron un fuerte descenso en sus niveles hídricos. Según distintos expertos citados por medios internacionales, si las condiciones actuales continúan sin cambios, el Éufrates podría sufrir un deterioro extremo antes del año 2040.

El tema tomó todavía más repercusión debido a un fragmento del Apocalipsis que describe cómo el río se seca antes de la llegada del Armagedón. El pasaje bíblico señala: “El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates, y sus aguas se secaron para preparar el camino a los reyes del Oriente”.
Aunque las interpretaciones religiosas sobre ese texto son diversas, la realidad es que los científicos y ambientalistas corren contra reloj para poder salvar este recurso necesario para la vida de millones de personas. Investigaciones analizadas por expertos mostraron que desde 2003 desaparecieron aproximadamente 34 millas cúbicas de agua en la cuenca del Éufrates.
La situación se agrava todavía más si se analiza en conjunto con la cuenca del río Tigris. Según explicó Jay Famiglietti, profesor de la Universidad de California, en diálogo con el medio inglés Daily Mail, la región presenta una de las tasas más rápidas de pérdida de agua subterránea del planeta.

“La tasa fue especialmente llamativa después de la sequía de 2007; mientras tanto, la demanda de agua dulce sigue aumentando y la región no coordina su gestión debido a las diferentes interpretaciones de las leyes internacionales”, señaló el especialista.
Los efectos ya comenzaron a sentirse en distintas comunidades de Irak, donde la escasez de agua provocó consecuencias sanitarias y sociales cada vez más graves. Naseer Baqar, activista climático y coordinador de campo de la Asociación de Protectores del Río Tigris, alertó sobre el crecimiento de enfermedades relacionadas con la crisis hídrica.
“La diarrea, la varicela, el sarampión, la fiebre tifoidea y el cólera se están propagando actualmente por Irak debido a la crisis del agua, y el gobierno ya no proporciona vacunas a sus ciudadanos”, denunció en declaraciones dadas al British Medical Journal.
“Para lograr una reducción significativa y duradera de las enfermedades transmitidas por el agua, se requiere una reforma de la salud pública y del sistema sanitario; mejoras en el acceso al agua potable, como la remineralización del agua desalinizada; sistemas de monitoreo y evaluación; e intervenciones educativas”, concluyó.

